
*Por Sandro D. Velarde Vargas
La formación discursiva de cada momento histórico impone determinados temas para ser abordados por artistas, intelectuales pintores, escultores, actores y cineastas. Esa es la gran capacidad que tiene el sétimo arte, que, mediante una historia, refleja como un barómetro la ubicación espacio temporal, la sensibilidad social, el clima de opinión y los acontecimientos contemporáneos que vive un pueblo una clase social o un país.
De esto se ocupa Juan Carlos Valdivia en Zona Sur, su última realización, que emulando a un cirujano, mediante el filo de su bisturí, realiza incisiones sobre las miserias de una clase “alta” paceña que se ve aislada, solitaria y al borde de la desesperación por los vientos de cambio que corren, tanto en el especto social, político y económico.
La película muestra de forma claustrofóbica el encierro de seis personajes totalmente dispares que deben convivir y desarrollar su vida cotidiana en un hermoso y tradicional caserón que refleja la nostalgia de las casas familiares, con techos de teja al estilo europeo que resalta Joaquín Sánchez, director de arte, con una pulcritud que se refleja en el uso del blanco en gran parte de la escenas convirtiendo al film en una verdadera sinfonía visual.
De la misma forma Valdivia no escatima recursos para desnudar la familia “burguesa” que no tiene dinero para el almuerzo del día siguiente, pero si tiene introyectada en su estructura mental de que sí están llenos de dólares y que son los “jailones” que viven en la zona sur”, una especie de estructura simbólica de la apariencia y opulencia, que todo pequeño burgués aún está seguro de poseer y que quizá todavía no se ha dado cuenta de que es sólo una quimera.
Esa aristocracia espiritual de clase media-alta que en “Jonás y la Ballena Rosada” se la pasa construyendo mausoleos (pirámide de la cristiandad) con características egipcias, organizado banquetes y orgías y que en “American Visa” Valdivia la atribuye a la clase política corrupta que cree permanecer perenne disfrutando del poder y que el Director se empeña en desnudar de forma sutil.
En Zona Sur la cámara se convierte en un protagonista más del drama, con movimientos circulares que representa claramente el hundimiento de esa endeble familia, una especie de cámara en espiral que va en picada hacia el abismo. Aunque a momentos apelando al plano secuencia circular que Jorge Sanjinés concibió en la “Nación Clandestina” con el propósito de connotar la circularidad de la comunidad, reflejado en la narrativa y lectura audiovisual, y que en Zona Sur se replica con un fondo gris casi como una acuarela, cuando Wilson el mayordomo entierra a su hijo.
La psicología de los personajes es bastante compleja, desde Carola (Ninón del Castillo) madre-padre que reproduce en sus hijos todo ese falso círculo de apariencias, socapamientos y complicidades con Patricio (Juan Pablo Koria), su hijo adulado, que se las pasa en su cuarto, o más bien su motel privado, donde acompañado de su pequeña cámara de vídeo y sus patitos amarillos de hule reproduce las escenas afiebradas de macho. Representa el lado erótico de Valdivia que también reflejó en la relación de Jonás y Julia (Dino García y María René Prudencio) en su opera prima y Mario Álvarez y Blanca (Demian Bichir y Kate del Castillo) en la ducha del Hotel California en “American Visa”
La hermana adolescente (Mariana Vargas) que trata de negar su condición pequeño-burgués se debate entre el lesbianismo y la filosofía, representa quizá un nivel de honestidad, pese a que la madre hostil hacia ella, (por su vestimenta, sus hábitos y lenguaje) se opone a la relación con su pareja, no porque es del mismo sexo sino por su condición de clase, exaltando su preferencia sexual y su forma de vida. Al igual que en algún momento las más representativas líderes de “Mujeres Creando” hacían gala posando para algunos fotógrafos de la prensa.
Wilson (Pascual Loayza), de gran actuación, resulta siendo el padre ausente en la casa blanca, ya que se baña en la tina de Carola, usa sus cremas y ungüentos; resuelve los problemas económicos de la familia, prepara el “ají de fideo”, que aparentemente no es del agrado de los “jailones”, convirtiéndose tutor del pequeño Andrés (Nicolás Fernández) que resulta siendo el nexo “entre dos aguas” la de los indios y la de los de la “clase bien” , ya que el niño es el único que logra escapar del “encierro” cuando escondidas acompaña a Wilson siendo testigo de la ceremonia mortuoria de los “otros” y sobretodo es el que está por fuera de la burbuja asfixiante de la casa y sus habitantes, gozando de la libertad debido a que siempre está al exterior de la mansión, en los tejados imaginando volar. Es una especie de esperanza en su condición de niño inmaculado de prejuicios, que busca inconcientemente esa especie de encuentro, de interculturalidad de acercamiento con el otro que en la escena final Valdivia trata de representar.
Los diálogos entre la servidumbre de la casa (Wilson y Marcelina) todos en aymara y sin traducción es otra arremetida intencional de Valdivia, parece recordarnos una vez más lo clandestinos que somos en estos “lares”. Obligándonos a preguntarnos ¿cuan iguales o cuan diferentes somos?, habitando los mismos espacios.
Zona sur es un excelente film que definitivamente consagra el talento y la madurez de su director que va sutilmente mostrando sus características cinematográficas, su personalidad , su etilo; es decir su distinción: por ejemplo, el uso del agua como un elemento recurrente en sus películas, las lluvias intensas en Jonás y la Ballena Rosada que reflejan la solead del personaje (Dino García). Al igual que en la historia bíblica, Jonás se encuentra en el sótano de la gran casa que va inundándose cual panza de una ballena, devorado por sus propios fantasmas.
La lluvia permanente en la Casa Blanca en Zona Sur denota la catástrofe de la familia, atrapada en la soledad de su propio existir. El yermo de los personajes de American Visa, Blanca (Kate el Castillo) que anhela formar un hogar y tener hijos y Mario (Demian Bichir) tratando de huir de su propia realidad, esa la realidad que en Zona Sur, se describe cuando “la nueva burguesía chola” la comadre de Carola (Juana Chuquimia) compra la casa de rasgos europeos occidentales para trasformar en un edificio de departamentos. Resume la emergencia de la nueva burguesía Colla que va surgiendo con mucha fuerza y poder económico pero con poco reconocimiento y nada de capital simbólico.
El final de la película el realizador no redondea la misma, se entremezcla con el vuelo de Nicolás y el almuerzo intercultural. Juan Carlos Valdivia parece darse cuenta que la salvación es ese encuentro, al igual que su cámara circular de toda la película, intenta unir esos dos mundos dispares. Es decir esas dos Bolivias
* Sandro D. Velarde Vargas periodista y docente universitario.